En Busca de la Felicidad



Espero que tú y la niña estén bien. 
Avísame cuando viajes a la Capital.

Te dejé unas arañas amaestradas detrás de los retratos,
para que se coman a los zancudos que no te dejan dormir.

Por ahora, no tengo nada para regalarte;
porque lo entregué todo a la necesitada inocencia.

Pórtate bien, para que vivas de tus propios frutos
más que de adornos ajenos.

Cuida tus cosas, porque también le sirven a los demás.
Pero que el egoísmo no mida tus pasos ni cuestione tus palabras
y que la envidia no te vigile ni aconseje.

Y, por sobretodo, no creas que te odio;
sólo soy una polilla que prefiere volar en la oscuridad
para no morir en esa llamativa mala llama que lo llama.