Pensando en la libertad del cangrejo


 
Un hombre caminaba rumbo al mercado de una población cargando dos grandes vasijas, una de ellas cubierta por una firme tapa que lo cerraba herméticamente y la otra destapada. Alguien que lo encontró en el camino le preguntó qué llevaba y el hombre contestó.
—Cangrejos, llevo cangrejos.
—Si ya lo veo, llevas cangrejos en la vasija que va destapada [replicó el curioso] pero ¿y en la otra? ¿Qué llevas en la vasija que va tan cuidadosamente tapada?
—Cangrejos también.
—No entiendo el por qué de la tapadera [insistió el primero] si tan cangrejos son unos como los otros ¿por qué unos llevan tapa y los otros no?
—Bueno [contestó el dueño de las vasijas] la explicación es esta. Es que son dos clases distintas de cangrejos, unos son nacionales o los otros son extranjeros.
—¿Y qué hay con eso? No lo entiendo.
—Se lo voy a explicar; cuando uno de los cangrejos extranjeros quiere escapar, hace esfuerzos por subir hacia la boca de la vasija y no falta otro que le ayuda a subir; a esos dos se une un tercero y luego otro más y forman una cadena en la que se ayudan todos, apoyándose unos a los otros logrando llegar todos al borde de la vasija y escapar.
—¡Qué interesante! O sea que, entre todos, forman un grupo solidario, se prestan ayuda mutua, todos trabajan con el mismo objetivo que es subir hacia la salida y logran ¡TODOS! escapar. ¡Asombroso! Oye, pero ¿y los otros? ¿por qué los otros no hacen lo mismo? La misma dificultad tienen los otros para subir y la misma estrategia puede ayudarlos a conseguirlo.
—¿Los nacionales? No, ellos tienen una mentalidad diferente. Cuando uno de ellos sobresale y muestra deseos de subir para alcanzar la salida y escapar, los demás lo atrapan, lo jalan y lo hunden para impedirle subir y obtener la libertad.